El 25 de abril de 1998, hace justo una década, tenía lugar el mayor desastre ambiental ocurrido en España: la rotura de la presa de contención de la balsa de residuos de Bolidén Aprisa, la empresa minera sueco can
adiense situada en la localidad sevillana de Aznalcóllar. Hasta tres metros de altura de lodos tóxicos se precipitaban entonces sobre los ríos Agrio y Guadiamar, contaminando un total de 63 kilómetros de cauce y 4.634 hectáreas de terreno que llegaban hasta las puertas de Doñana.
Sólo pisando la naturaleza muerta de una de las tres parcelas testigo cerca del Valle del Quema, que aún conservan grandes cantidades de metales pesados del vertido como zinc, cadmio, arsénico o cobre, es posible hacerse una idea de lo que diez años atrás ocurrió en este bello paisaje hoy recuperado.
Para conseguir la reparación no sólo ambiental, sino también socioeconómica de la zona, la Junta de Andalucía puso en marcha el Programa de Seguimiento Ecorregional del Paisaje Protegido del Corredor Verde del Guadiamar (Secover). Una apuesta que tras diez años de trabajo sigue vigente fomentando un modelo de desarrollo vinculado al medio ambiente y alternativo a la extinta actividad minera. Los trabajos de investigación que se siguen desarrollando en el marco de Secover abarcan tareas de restauración de humedales, recuperación de riberas, vías pecuarias, actuaciones de uso público, interpretación de la naturaleza y acciones de educación ambiental.
Charo Pintos, directora de la Red de Espacios Protegidos de Andalucía, declaró a los medios de comunicación en el puente de las Doblas, a orillas del río Guadiamar: "El hecho de que la Administración tuviera que hacerse con la propiedad de las tierras para la pronta intervención en el desastre y evitar problemas con los artículos hortofrutícolas de Andalucía en el mercado, brindó la oportunidad de recuperar este paisaje para el beneficio tanto de la biodiversidad como de los ciudadanos".
Recuperación económica
Por su parte, la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa puso en marcha el año pasado en esta comarca el Parque de Actividades Medioambientales de Andalucía (PAMA), primer parque empresarial andaluz dedicado al medio ambiente y las energías renovables. Este recinto, que ha contado con una inversión pública de 13 millones de euros para su urbanización, ha incentivado la industria y el empleo en Aznalcóllar, instalando 43 firmas relacionadas con el sector ambiental como Investigación y Desarrollo de Eco-Combustibles, S.L., o Reciclados de Componentes Electrónicos, S. A.
Francisco Álvaro Julio, delegado provincial de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa en Sevilla habló en el propio terreno acerca de estas actuaciones de restauración desarrolladas por la Administración andaluza: "En las 160 hectáreas de la balsa de contención que se rompió, está prohibido hacer excavaciones, se trata de tierras absolutamente improductivas, sin embargo, ahora están siendo explotadas por siete empresas para producir energía fotovoltaica". Las escombreras S9 y oeste, próximas a la balsa y también afectadas por el vertido, también están siendo inundadas progresivamente con tecnología solar, una tecnología que proporcionará 17 megavatios de energía limpia que abastecerán a más de 7.200 familias cuando concluyan las labores de instalación de las placas solares.
Además, Álvaro Julio también quiso subrayar la mejora que ha supuesto la construcción de este parque empresarial para toda la comarca de Aznalcóllar en términos de empleo, y es que según el delegado, "las firmas instaladas en el PAMA prevén la puesta en marcha de más de 400 empleos fijos".