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   RECURSOS NATURALES Y MEDIO AMBIENTE
27 de Noviembre de 2006
LA EXPANSIÓN DE UN AVE AFRICANA EVIDENCIA EL CAMBIO CLIMÁTICO
El camachuelo trompero es un pequeño pájaro del norte de África que, desde hace 50 años, se está asentando en el sureste español. Eulalia Moreno, investigadora del CSIC y directora de la EEZA (Estación Experimental de Zonas Áridas, Almería), ha elaborado un proyecto de investigación que liga su expansión a la desertificación y el cambio global.
Juan Manuel Maldonado
Instalaciones de la EEZA al pie de la alcazaba almeriense
Una pequeña ave, el camachuelo trompetero, puede marcar el cambio global tan eficazmente como los satélites de última generación. De hecho, lo ha estado haciendo durante los últimos 57 años, aunque sólo los investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA) se han percatado del vínculo que existe entre su difusión por el sureste peninsular y el incremento de la aridez.

Eulalia Moreno, directora del centro del CSIC y coordinadora de este proyecto, destaca que los primeros ejemplares de esta ave (emparentada con el canario) llegaron desde el norte de África a finales del siglo XIX, pero que es en los últimos cincuenta años cuando la especie se ha asentado definitivamente en nuestra geografía. Actualmente, hay contabilizadas hasta 800 parejas reproductoras en Almería, aparte de las existentes en las provincias de Granada, Murcia y Alicante. El hábitat escogido por el camachuelo es, preferentemente, el de las ramblas, donde disponen de alimentación (sobre todo semillas) y cobijo para sus nidos (que hace en los taludes de los cauces secos).

El proyecto que dirige Moreno se ha extendido durante tres años, en los que el camachuelo ha sido analizado tanto en su relación con los cambios medioambientales como en sus características morfológicas y poblacionales. De él se ha desprendido una constante: a mayor temperatura media y menos lluvias, más camachuelos. Esto demuestra que el clima actual del sureste español ya es diferente al que existía hace algo más de un siglo, cuando esta ave no encontraba en nuestra geografía los emplazamientos óptimos para su permanencia. Al mismo tiempo, la necesidad de expandirse hacia el norte revela una tendencia parecida en su territorio de origen. Es por esto que la especie puede emplearse como testigo de los efectos del cambio global, “lo que verdaderamente la hace interesante” según Eulalia Moreno, que apunta a que el del camachuelo no va a ser un caso aislado. “En las zonas semiáridas y áridas de España han empezado a aparecer especies características de latitudes más meridionales”, afirma. La directora de la EEZA, por otra parte, ve la acción del hombre como determinante en el proceso del cambio global, ya que acelera una dinámica que se desarrollaría a un ritmo más lento de forma natural.

Hallar su árbol genealógico

camachuelo trompetero
Otra línea de investigación sobre el camachuelo trompetero es el análisis de su variedad fenotípica ( aquellos caracteres hereditarios que dependen tanto de los genes como del ambiente) y los patrones de interconexión que existen entre las distintas poblaciones. Entre éstas tienen un papel especial las canarias, que conforman una supespecie desde hace 7000 años, y las norteafricanas, de las que partieron los ejemplares colonizadores del sureste español. De sus descendientes actuales, los investigadores evalúan su estado sanitario, si tienen características morfológicas especiales o su grado de asimetría, por ejemplo. El análisis genético puede mostrar si presentan diferencias y por qué.

Un gorrión 'que toca la trompeta'

Durante un paseo por Cabo de Gata, por ejemplo, puede escucharse un peculiar sonido que recuerda a un solo de trompeta: eso indicará que estamos cerca de un camachuelo trompetero. Si el encuentro con el ave es visual, sin embargo, lo más probable es que la confundamos con un gorrión común. Su tamaño y color es similar, aunque con una observación algo más meticulosa se delatará por su plumaje rosáceo. En primavera, durante la época de reproducción, es el grueso pico de los machos el que destaca por su fuerte tonalidad rosa-anaranjada. Si este reclamo ha surtido efecto, la hembra seducida pondrá una media de cuatro a seis huevos que son incubados durante algo menos de dos semanas. Una vez nacidas, las crías abandonan el nido rápidamente, en unos 15 días.

Más información:

Eulalia Moreno
Directora de la Estación Experimental de Zonas Áridas

Email: emoreno@eeza.csic.es
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