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   POLÍTICA Y DIVULGACIÓN CIENTÍFICA
26 de Abril de 2006
EL CSI GRANADINO
Los expertos Miguel Botella, director del Departamento de Antropología Física y José Antonio Lorente, profesor del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada explican las técnicas de exhumación e identificación de los desaparecidos en la Guerra Civil. Los prestigiosos científicos, que encabezan la investigación española en estas materias, han participado en las Jornadas de la Memoria histórica celebradas en Granada
Carolina Moya
“¿Dónde están tus huesos mi amor? Que me los den, que les lleve una flor” Esta frase que ondeaba en una pancarta de una concentración de familias de desaparecidos chilenos recoge los deseos de los descendientes de las víctimas de la Guerra Civil. Condenados anónimos que permanecen en las cunetas de todo el país esperando a que alguien los exhume y los identifique. Alguien como Miguel Botella, director del Departamento de Antropología Física y José Antonio Lorente, profesor del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada. Expertos de reconocido prestigio que han explicado las técnicas de exhumación e identificación de los desaparecidos del conflicto fratricida español, en el marco de las Jornadas de la Memoria histórica celebradas en Granada.

Las técnicas recuerdan al CSI televisivo, pero llevan el sello de los especialistas granadinos, que participan en investigaciones de países de todo el mundo, desde Chile a México en el ámbito internacional, hasta la momia de Galera, al norte de la provincia de Granada.El profesor Miguel Botella ha resaltado la importancia de contar con restos de los seres queridos para superar la fase de duelo presente en toda defunción. Esta etapa se define como el conjunto de rituales que hacen que una persona supere el trauma que le produce la perdida de los suyos. “El duelo no finaliza hasta que no se tienen restos y las familias de los asesinados en la Guerra Civil esperan la exhumación, porque no han superado este proceso”, ha explicado el experto granadino.
Los profesores Lorente y Botella, durante la conferencia

A continuación, Botella ha relatado las fases para la exhumación, que comienza con una recogida sistemática de los datos. “Más del 60% del éxito de una identificación depende de cómo se recuperan los restos”, ha resaltado el especialista en antropología forense y ha rehuido así de soluciones como las exhumaciones “con un pico y una pala”, que entorpecen la investigación. En el caso de que los restos se encuentren en fosas, los científicos utilizan sistemas geofísicos de prospección y el georádar. Este último instrumento, utilizado por primera vez en el proceso de exhumación de los restos del Che Guevara, detecta cambios de densidad y textura en el terreno. Una información que los expertos interpretan para localizar lugares de enterramiento común.

Otra fase importante es la recogida de datos personales de la víctima. Esta indagación en las características físicas del fallecido se lleva a cabo por un equipo distinto al que realiza la exhumación, para que no haya contaminación de la investigación. Una vez que se tienen los resultados del análisis de los restos se cotejan con la información aportada por los familiares.

La labor “detectivesca” continúa con la identificación antropológica, que consiste en deducir el sexo, la edad y las características físicas del fallecido. “Averiguar un dato como el sexo, elimina el 50% de las posibilidades”, asevera Botella. El pubis, un hueso localizado en la cadera, constituye la principal pista para determinar la edad y el sexo de los restos. Además de estos dos datos, se buscan huellas de manipulación que hayan desvirtuado al sujeto como descuartizamientos, cortes de sierra, marcas de cuchillo y otros ejemplos de violencia como traumatismos o fracturas.

Una vez definido el perfil de la víctima, por ejemplo, hombre, de unos cincuenta años, que murió por un disparo se recurre a imágenes aportadas por la familia o descripciones de la policía. Tradicionalmente, los científicos han superpuesto la fotografía de la persona y la de su cráneo, buscando la coincidencia de doce puntos en ambas imágenes. Actualmente, los expertos cuentan con un instrumento que precisa más los resultados de esta etapa. Se trata de un láser en tres dimensiones que toma imágenes de los restos en volumen. “Nos permite comparar más de un millón de puntos al mismo tiempo y ajusta a la misma escala la fotografía de la persona y la imagen de su cráneo”, ha aclarado Botella.

El investigador ha concluido asumiendo la dificultad de exhumar los restos de la Guerra Civil por el tiempo que ha pasado. Sin embargo, ha reconocido que es posible siempre que se posean datos objetivos sobre la víctima que permitan aplicar las tecnologías. “Identificar es comparar”, ha enfatizado Botella.

Las pistas del ADN

Por su parte, el profesor del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, ha complementado la disertación de su colega con explicaciones sobre las pistas que el ADN revela en la identificación de restos.
Hueso de la cadera con ligamentos

El profesor ha aclarado que el material genético aporta información valiosa. En el genoma, existe un ADN nuclear heredado del padre y la madre al 50%. Este conjunto de genes es diferente en cada ser vivo. Además, el ser humano tiene un ADN mitocondrial, idéntico al de la madre. Otro elemento importante es el cromosoma “Y”, que caracteriza al ser humano como varón y es idéntico al del padre. Estas dos clases de ADN y el cromosoma “Y” constituyen los resortes fundamentales para establecer relaciones de parentesco entre los restos encontrados y los familiares de los fallecidos.

Lorente ha explicado el funcionamiento del programa español de identificación genética de personas desaparecidas denominado Fénix. Esta herramienta se compone de datos obtenidos de muestras de cadáveres sin identificar e información y muestras genéticas aportadas voluntariamente por las familias de personas desaparecidas. Los investigadores granadinos analizan los restos y la Guardia Civil la información procedente de los familiares o viceversa. El objetivo de establecer dos estudios separados es evitar la contaminación de la investigación. El análisis da lugar a dos bases de datos diferenciadas. La información de ambos conjuntos y se cruzan para obtener resultados.

Víctimas de la Guerra Civil

En el caso de las víctimas de la Guerra Civil, Lorente ha reconocido la dificultad para su identificación. “Con 70 años de antigüedad, las técnicas de identificación mediante ADN, no van a funcionar en el 20% de los casos”, ha manifestado el experto y ha avanzado que para descender ese porcentaje es necesario emplear mucho trabajo porque el ADN está degradado y contaminado. A esta dificultad se suma, según Lorente, la identificación de restos localizados en fosas comunes grandes. “Si son fosas pequeñas, donde se sepa quienes están enterrados y haya familiares vivos dispuestos a colaborar es más sencillo”, ha mencionado el experto y ha adelantado que para la identificación en lugares de enterramiento grandes sería necesario desarrollar un programa nacional de cruce de datos en el que colaborasen todas las comunidades autónomas.

Con todo, ambos científicos coincidieron en la paradoja de que se requiera de sus servicios en países más pobres y donde la situación que provocó la masacre es más reciente y, en España, queden sin identificar los fallecidos de la Guerra Civil, que aguardan anónimos en sus lugares de enterramiento. “Es paradójico que se investigue en países de Suramérica como Chile o Perú para identificar víctimas de sucesos más recientes y, en nuestro país, socialmente estable y habiendo pasado tanto tiempo desde la guerra, no se haga”, ha concluido Lorente y ha remarcado que la ciencia está preparada para acometer la labor de identificación, a la espera de una decisión política.

Más información:

Miguel Botella López. Tlf.: 958 243 535 / 243 530.Mail.: mbotella@ugr.es
José A. Lorente Acosta. Tlf. 958-249928. Mail: jlorente@ugr.es

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