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   CIENCIAS DE LA VIDA
21 de Junio de 2007

UN ESTUDIO DEMUESTRA QUE EL CEREBELO REFUERZA EL APRENDIZAJE DE LOS MOVIMIENTOS

La prestigiosa revista Journal of Neuroscience publica hoy un artículo de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide y de la Universidad de Santiago de Cuba.

Universidad Pablo de Olavide

Un equipo de investigadores formado por Raudel Sánchez Campusano, de la Universidad de Santiago en Cuba, y por Agnès Gruart i Massó y José María Delgado García, de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, publica hoy miércoles 21 de junio en la revista Journal of Neuroscience un estudio que demuestra que el cerebelo, además de coordinar los movimientos, refuerza el aprendizaje de éstos. Los hallazgos de estos investigadores sugieren que el cerebelo participa tanto en la generación de respuestas motoras reflejas como en las que se acaban de aprender. Fundamentalmente, el cerebelo ayuda a la automatización de los movimientos conforme se van aprendiendo (por ejemplo, aprender a conducir o a tocar el piano) de tal manera que no haya que prestar una especial atención para su correcta realización.

El cerebelo es el centro nervioso que permite dar continuidad, suavidad y armonía a nuestros movimientos. Es una estructura neuronal situada detrás del cerebro, en la porción posterior de la cabeza, justo debajo del hueso occipital. Cuando el cerebelo se lesiona aparecen defectos pronunciados en el mantenimiento de la postura, en el movimiento, e incluso en el habla y en determinados procesos cognitivos. La perfección en los movimientos se debe pues, a un buen funcionamiento del cerebelo, que coordina las órdenes motoras procedentes de la corteza cerebral.

De acuerdo con los datos presentados en dicho trabajo, los investigadores proponen que el cerebelo tiene un papel eminentemente “reforzador” que ayudaría a la realización de los movimientos aprendidos, pero no a su generación y/o inicio. Los comandos motores aprendidos se originarían en un lugar diferente, probablemente en la corteza cerebral motora. Una importante conclusión de este estudio es que una vez que se ha aprendido a realizar un movimiento con la mayor perfección posible, no es posible detectar en la actividad del cerebelo ningún rastro de lo aprendido. Esto quiere decir que si comparamos el cerebelo de una persona que sabe conducir con el de una que no sabe no se podrá notar ninguna diferencia. El cerebelo sólo es funcionalmente diferente en la persona que está aprendiendo a conducir, justo en el momento en que ensaya.

Este estudio ha supuesto más de 5 años de trabajo experimental y para su realización se han empleado sofisticados métodos de registro de la actividad cerebral y complejos procedimientos de análisis matemático.

Más información:

José María Delgado
División de Neurociencias
Tel.: +34954349374
Tel. móvil: 628527682

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