J. García Orta
En un dibujo de Elvira, de 11 años de edad, se ve a una mujer diciéndole a su marido que no ha recogido la ropa, a lo cual él se torna agresivo y le agrede mientras amenaza con matarla. En otro, Laura de 10 años retrata a una pareja mientras se insultan y se amenazan con cuchillos ante la mirada de sus dos hijos. Ésta es una muestra representativa del material recopilado por el grupo de la Onubense en distintos colegios de primaria de Huelva, un reflejo de cómo los niños y niñas perciben esta realidad y que viene a reforzar una de las conclusiones derivada de los primeros resultados obtenidos en el proyecto: la violencia tiene género.
Según datos aportados por Emilia Moreno, el retrato del agresor en la escuela primaria tiene características masculinas, no sólo porque en la mayoría de los casos (en torno al 70%) se trate de chicos, sino porque el resto son chicas que desempeñan un rol masculino, papel que lleva consigo comportamientos tales como ser fuerte o luchador y para el que el fin justifica los medios. Por otro lado, estos mismos datos señalan que, en la otra cara de la moneda, las víctimas son principalmente chicas, quienes manifiestan un carácter especialmente sumiso y que no responden a las agresiones ya que declaran no tener fuerza, por lo que optan por eludir el conflicto o por permanecer quietas. La tercera pata de esta realidad es un elemento que en numerosas ocasiones pasa inadvertido pero que en los últimos meses sale a relucir, entre otras cosas por el auge de Internet o los teléfonos móviles con cámara, y que se personifica en la figura del observador, un espectador que prefiere no involucrarse en el conflicto o, en algunos casos, se limita a jalear.
“El conflicto, la disparidad de opiniones, el enfrentamiento, es propio de la naturaleza humana, pero la forma de resolverlo se adquiere”, afirma la responsable del grupo, quien confía en el potencial de la educación para modificar los comportamientos de las personas, “pero siempre desde una educación que no se ciña al ámbito escolar, sino que también se abra al familiar y a los medios de comunicación”. En este sentido, el proyecto de investigación sitúa la escuela primaria como uno de los principales entornos en los que la personalidad de los pequeños se va conformando y un importante escenario donde se desarrollan los roles de agresor y agredido.
Cosas de niños
Una violencia que, sin embargo, no tiene por qué ajustarse a los parámetros que se manejan en el mundo adulto, sino que los investigadores, como los docentes, se encuentran con situaciones etiquetadas como 'cosas de niños', aunque ellos lo perciben como su violencia y ante las que se sienten mal. “Pese a lo que pueda parecer”, señala Moreno, “cuando se le pregunta a los niños sobre dónde hay más peleas, la mayoría responde que en clase”, un lugar en el que siempre hay al menos un adulto y en el que se dan situaciones que los niños ven como su violencia, “en las que muchas veces no se interviene y que se van consolidando”.
En esta línea, y para conocer cómo es la violencia de género hacia las niñas en estas edades, los investigadores de la Onubense toman como referente los centros de educación primaria de la provincia de Huelva, quienes constituyen una muestra representativa de la realidad a nivel nacional en torno a esta temática. En una primera fase del proyecto se realizó un análisis de casos en un colegio público sin ninguna característica concreta, donde tomaron una clase de cada curso. En entrevistas personalizadas, los investigadores abordaron cuestiones que iban desde su propia percepción de la violencia y la de su familia, hasta su respuesta ante la misma, los programas de televisión que ven, etcétera. A través de dibujos, como los antes mencionados, los pequeños también tuvieron la oportunidad de expresar su visión de una situación conflictiva imaginada o vivida.
En este sentido, uno de los elementos que destacan entre las respuestas obtenidas es la influencia de los medios de comunicación en los niños, especialmente la televisión. Según señala Emilia Moreno, “tras hacer sus deberes, el 80% de los niños ve la televisión, en muchos de los casos solos", siguiendo especialmente series de dibujos animados. Series que, a juicio de la responsable del proyecto, transmiten en muchos casos violencia de manera subliminal, así como roles estereotipados u otros comportamientos y en las que los niños ven, por ejemplo, a una madre sumisa, que juega un papel secundario, o un marido que llega borracho a casa. “No podemos controlar al 100% lo que ven en televisión o, últimamente, por los móviles, pero sí se puede ver la tele con ellos, hacer que reflexionen sobre lo que ocurre en el programa, ofrecerles una visión crítica”, señala la investigadora.
Soluciones
“Hay que educar a los niños para evitar castigar a los hombres”, afirma Moreno, algo que se tiene que realizar desde la coeducación ya que, aparte de la escuela, “la familia es la primera institución educativa en la que nos sumergimos y la última, y nosotros asumimos los roles con los que nos educan, los que están en nuestro entorno”. Estrategias como la autorreflexión, el diálogo, plantear la opinión personal, actuar por tus derechos o el pedir disculpas si se ha cometido un error son las propuestas que desde este grupo de investigación se realizan para dar un gran paso hacia la solución al problema de la violencia de género. Una búsqueda del razonamiento ante este tipo de situaciones y que se materializa en técnicas como, por ejemplo, las fichas de convivencia, un documento que los niños deben rellenar cuando se produce un acto con violencia y donde analizan qué ha pasado, cómo se han sentido y si han actuado bien o cómo deberían haberlo hecho. Diálogo y reflexión para trabajar en una solución a la violencia de género.
Más información:
Emilia Moreno Sánchez
Departamento de Educación
Universidad de Huelva
Tlf: 959 21 92 25
Email: emilia@uhu.es