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17 de Marzo de 2006 HIDRÓGENO, EL COMBUSTIBLE DEL FUTURO Produce una combustión limpia, tiene una alta densidad energética y es posible obtenerlo a partir de energías renovables. El papel del hidrógeno como vector energético – que no como fuente de energía- ha abierto hoy el IV Congreso Andaluz de Ingeniería Química, organizado por la UMA y la Asociación de Ingenieros Químicos de Málaga y que se celebra hasta el próximo sábado 18 de marzo. A. Pastor
Sin embargo, aún tendremos que esperar para verlo. Aunque ya hay quien aventura la desaparición del actual motor de combustión para el año 2020, Peña Jiménez, quien ha impartido la primera de las conferencias del IV Congreso Andaluz de Ingeniería Química, es más realista: “hasta el año 2010 no veremos ningún coche de hidrógeno comercial, tan solo prototipos. Y hasta que el hidrógeno sustituya a la energía actual en grandes cantidades habrá que esperar al menos al 2050”. De todas formas, Peña Jiménez deja claro que “el hidrógeno no va a sustituir a ninguna fuente de energía”, ya que no es una fuente de energía en sí, sino un vector energético que permite almacenar energía para usarla cuando sea necesario. Esto se consigue mediante las pilas de combustible, que transforman la energía química del hidrógeno en energía útil (mecánica, eléctrica o térmica). Estas pilas funcionan como una pila común, con un ánodo, un cátodo y un electrolito, pero el hidrógeno no se encuentra en su interior (al contrario que el zinc en las pilas comunes), sino que es suministrado de manera constante. Existen diferentes tipos de pilas, cada una para una aplicación determinada. En cualquier caso, se trata de una tecnología incipiente, todavía bastante cara y aún poco desarrollada. En palabras de Peña, tres son sus problemas principales: “la producción de hidrógeno, su almacenaje y la percepción ciudadana”. Producir hidrógeno a partir de energía renovable Aunque abundante en el Universo, el hidrógeno no existe en la tierra de modo natural, por lo que es necesario producirlo a partir de otras fuentes de energía. De momento, la más usada es la producción de hidrógeno a partir de gas natural, una técnica que se conoce desde los años 30 pero que tiene varios inconvenientes, entre ellos la emisión de dióxido de carbono. Otros métodos de producción, como el petróleo, los hidrocarburos o las gasolinas, tienen el mismo problema, aunque son usados por las empresas.
El hidrógeno asi producido se almacenaría en pilas de combustible hasta que fuera necesario su uso. Y aquí es donde nos encontramos con el segundo problema: el almacenaje, “un problema aún no resuelto”, en palabras de Peña. De momento se barajan tres opciones: comprimirlo, lo que lo hace inestable y da muy baja densidad por volumen (por lo que serían necesarias pilas enormes); licuarlo mediante criogenia, proceso que gasta gran cantidad de energía o almacenarlo mediante hidruros metálicos, un proceso lento y pesado. Pese a estos problemas aún sin resolver, la tecnología del hidrógeno es una apuesta fuerte por parte de empresas e instituciones. Dos asociaciones prueban este interés en España: APPICE, la Asociación Española de Pilas de Combustible y Aeh2, la Asociación Española del Hidrógeno, de la que Peña Jiménez es secretario. La de Peña Jiménez ha sido la primera de las conferencias del IV Congreso Andaluz de Ingeniería Química, que se prolonga hasta el próximo sábado 18 y en las que se hablará también del tratamiento de aguas de las ciudades, los perjuicios en el Medio Ambiente de la emisión del dióxido de carbono o el papel del químico en la empresa. Más información: Aeh2 Appice
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