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4 de Diciembre de 2006 TIERRA PROYECTADA: UNA ALTERNATIVA PARA LA RESTAURACIÓN Y LA ARQUITECTURA SOSTENIBLE Profesores del Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad de Granada han diseñado un método para restaurar murallas antiguas y taludes de las carreteras. El sistema, que está en trámite de patente, consiste en proyectar una mezcla de tierra sobre la superficie dañada mediante maquinarias similares a las que se usan en construcción para aplicar hormigón. Carolina Moya La ecología también llega a la construcción. Ya no basta con alzar muros de hormigón y ladrillo, escasamente reutilizables tras su derribo. Ahora se impone la Bioarquitectura, una disciplina que apuesta por construir con materiales de siempre, que respeten el medio ambiente. La tierra se convierte en uno de los principales cimientos de esta nueva tendencia, que requiere nuevas técnicas constructivas. Investigadores de la Universidad de Granada han estudiado las construcciones de tierra del pasado musulmán de la ciudad, como punto de partida para aplicar este material a la restauración de este patrimonio de tierra, sin olvidar su posible aplicación a nuevas edificaciones. Y es que, si una fortaleza tan antigua como la Alhambra resiste majestuosa al paso de los siglos, ¿por qué no aplicar este material de construcción en la actualidad? Con esta idea, los expertos han diseñado un sistema de puesta en obra que lo hace posible.
El nuevo método tiene múltiples aplicaciones. Por un lado, los expertos lo utilizan ya en la restauración de tapiales históricos granadinos. Hasta ahora, el revestimiento erosionado de los tapiales se remplazaba con morteros de cal, cal y cemento o sólo con cemento. Estas opciones no han dado los resultados esperados, bien por su escasa adherencia al soporte o por su impermeabilidad. Para aumentar la durabilidad, los investigadores granadinos proponen un método que proyecta tierra propia de la zona denominada “formación Alhambra”. Se trata de un material con una determinada textura compuesto por material granular con matriz arcillosa de color rojizo. Como se aplica sobre tapiales construidos con el mismo material, las murallas granadinas no pierden su identidad. “El hormigón se conoce desde hace un siglo, por ello no se tienen conocimientos de su durabilidad. En cambio, la pervivencia de construcciones como la Alhambra, nos permiten asegurar que la tierra convenientemente aglomerada y compactada ofrece buenas prestaciones como material de construcción a largo plazo”, declara una de las responsables de la investigación, Raquel Fuentes. Embellecer las carreteras Una parte del presupuesto de una carretera debe emplearse en la restauración de los taludes, al finalizar la obra de desmonte. Sin embargo, lo habitual es encontrar las pendientes de ambos lados de la vía enlucidos con hormigón. Esta opción supone un acabado grisáceo que difiere del entorno. De ahí, que otra aplicación inmediata propuesta por este grupo de investigación sería el emplear esta técnica en la restauración de taludes carreteros. En este caso, habría varias posibilidades. Por un lado, se podría aplicar el material directamente sobre el suelo natural del talud o, como alternativa, sobre una capa de gunita en caso de que ésta fuera necesaria como paso previo a la consolidación. De esta forma, se obtendría un material de similares características estéticas y de resistencia adecuada, para evitar así el impacto visual. Por otra parte, los profesores plantean este sistema como una alternativa constructiva englobada en la denominada arquitectura sostenible. La tierra se convertiría en un material de construcción de nuevas edificaciones por su confortabilidad y sus carácter ecológico, ya que se puede destruir con el tiempo y reutilizar después, porque no crea residuos en su demolición. “Generamos en torno a 700 kilos de residuos de construcción y demolición por habitante y año, unos 300 más que de residuos sólidos urbanos. Al derribar una casa construida con tierra, se podría reutilizar el material de edificación”, explica otro de los investigadores, Ignacio Valverde. Firmas especializadas en la fabricación de máquinas de proyectar se han interesado ya en este método. Incluso la empresa SITE, S.A., especializada en gunitado -Tipo de hormigón utilizado en construcciones subterráneas, preparado especialmente para transportarse por mangueras hasta su destino- y en obras de contención y cimentaciones especiales, ha apoyado esta investigación desde el principio.
Albaycín, el origen Los profesores que han diseñado el nuevo método llevan décadas estudiando las técnicas de construcción que utilizaban sus antecesores. El histórico barrio granadino del Albaycín se ha convertido en recinto propicio para investigar cómo edificaban los árabes y trasladar el legado de conocimientos de esa época a la actualidad. El primer paso consistió en tipificar los sistemas empleados en las construcciones domésticas. A continuación, extendieron su análisis a las construcciones civiles. En ambos casos, y especialmente en las murallas, las técnicas evolucionaron con el paso del tiempo por cuestiones económicas, sociales o de funcionalidad. Al principio, los árabes mezclaban uniformemente tierra y cal para obtener una especie de “hormigón”. Más tarde, este sistema se sustituyó por la denominada Tapia Real que consistía en disponer varias capas alternativas de tierra con y sin cal. Así se ahorraba aglomerante, sin que el elemento perdiera resistencia significativa. “La última tipología es el Tapial Calicastrado, empleado por la dinastía Nazarí en la Alhambra y en las murallas del Arrabal del Albaycín”, explica Valverde. En este sistema, la cal se concentraba especialmente en los bordes del encofrado para, tras la compactación, formar una costra en ambas caras del muro. Este nuevo método permitía estructuras más compactas y duraderas que en los sistemas anteriores, aunque el núcleo tuviera menor resistencia mecánica. “Pretendían la durabilidad de la construcción y lo consiguieron, tal como queda patente en la gran cantidad de lienzos de murallas que aún perduran y en los muros del monumento nazarí”, reconoce el investigador. No obstante, este patrimonio muestra importantes patologías asociadas a diferentes causas. Por un lado, se deben a la pérdida del encostramiento, así como a importantes pérdidas de masa especialmente en la base. “Los resultados, no siempre afortunados, de las restauraciones llevadas a cabo, especialmente derivados del sistema de puesta en obra, ha motivado el apostar por una nueva técnica constructiva para la reparación de los tapiales degradados”, explica Valverde, que aboga por hacer extensiva esta metodología a otros usos. Más información: Ignacio Valverde Email: Valverde@ugr.es
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