J. García Orta
Según el psicólogo David Pucho, los trastornos de ansiedad son considerados como uno de los trastornos mentales de mayor incidencia en la actualidad, compartiendo como rasgo común la presencia de ansiedad extrema de carácter patológico manifestada en múltiples disfunciones y desajustes a nivel cognitivo, conductual y psicofisiológico. Y es que la ansiedad, usualmente, viene acompañada de temblores, tensión muscular, dolor de cabeza, sudoración y, de manera menos común, de mareos, frecuencia cardiaca irregular, pesadillas o disminución de la capacidad de concentración, entre otros.
Un estudio reciente desvela, además, que la ansiedad puede tener consecuencias más allá de lo estrictamente individual. Presentado en el marco del último congreso de la Sociedad Respiratoria Europea, la investigación dirigida por Raquel Granel de la Universidad de Bristol (Reino Unido) destaca, tras estudiar a 5.800 familias durante ocho años, la existencia de una fuerte conexión entre la ansiedad de la madre a las 18 semanas de gestación y el asma en su hijo a los 7,5 años de edad. En el grupo de mujeres que padecieron más ansiedad en su embarazo, el riesgo adicional de asma en sus hijos podía alcanzar el 65 por ciento cuando sufrían altos niveles de estrés a las 32 semanas de gestación y el 53 por ciento cuando estaban altamente estresadas a las 18 semanas.
Ante esta enfermedad, ¿qué soluciones aporta la ciencia? La respuesta es aún inconcreta, aunque “existe una hipótesis bastante establecida de grupos que han demostrado el papel que tienen dos neurotransmisores, la serotonina y el GABA-B, en la ansiedad”, señala la investigadora Agnès Gruart, responsable en la Olavide de un proyecto europeo que pretende arrojar más luz en esta materia. Sin embargo, aunque “su papel está claro, ahora hace falta conocer cómo funcionan los mecanismos para encontrar cómo se debe desarrollar el fármaco que va a poder paliar esta enfermedad”.
En este sentido, mientras que la serotonina favorece la aparición de episodios de ansiedad, el GABA-B, por el contrario, parece tener efectos ansiolíticos. La clave está ahí, pero no es tan sencillo como en principio podría parecer. “Es muy difícil vivir sin serotonina, porque la necesitamos para muchas cosas, no sólo para algo puntual, y dar sólo GABA-B no funciona, y menos sistémicamente en una pastilla”, afirma la científica. Por ello, eliminar, sumar o disminuir la serotonina es impensable para estos investigadores, quienes apuestan por profundizar en cómo trabaja el neurotransmisor en zonas concretas del cerebro, evitando así afectar allí donde resulta necesaria.
Por ello, el objetivo de este estudio, lejos de concretar un fármaco, es avanzar en el conocimiento del papel de los citados neurotransmisores a través de la creación de ratones transgénicos en los que poder aplicar tratamientos paliativos. No obstante, frente a experimentos desarrollados anteriormente, en lugar de modificar una sustancia o darle al animal un fármaco para crear ansiedad, están creando ratones de forma condicional. En concr
eto, lo novedoso de la investigación es que trabaja con ratones que, gracias a una modificación, nacen y se desarrollan normales, permitiendo a los investigadores inhibir el receptor deseado en un momento concreto de la investigación, de forma que no afecte a otros procesos que puedan desvirtuar los resultados.
Primeros pasos del proyecto
Aunque este proyecto europeo se encuentra aún en una fase inicial, el bagaje científico de los distintos grupos participantes ha permitido una rápida puesta en marcha. Por un lado, el grupo encargado de desarrollar ratones con ansiedad ya está aportando, mediante ingeniería genética, ejemplares para el estudio con unos resultados positivos, en principio, del 50%. Por otro lado, existe otro equipo que trabaja en el desarrollo de ratones carentes de ansiedad. Un tercer grupo también está en marcha para evaluar el comportamiento de los ratones con y sin ansiedad.
El trabajo desarrollado desde la Pablo de Olavide se enmarca dentro de un cuarto grupo, encargándose los investigadores dirigidos por Agnès Gruart de hacer las pruebas de aprendizaje y los registros electrofisiológicos de las neuronas, elaborados a través de electrodos introducidos en el sistema nervioso del ratón. “Sometiendo al animal a distintas situaciones, ves cómo cambia la actividad de las neuronas cuando el ratón está normal a cuando se le inhibe el receptor y pasa a tener ansiedad”, señala la investigadora. A través de este proceso se puede conocer cómo el sistema nervioso va produciendo lo que luego se puede ver en el comportamiento, también registrado mediante cámara.
Descargue aquí las imágenes de este reportaje:
La investigadora de la UPO, Agnès Gruart
Tres ratones son analizados en el laboratorio de Neurociencias de la UPO
Más información:
Agnès Gruart i Massó
Unidad de Neurociencias
Universidad Pablo de Olavide
Tlf: 954 349 511
Email: agrumas@upo.es