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20 de Noviembre de 2006 EL HOSPITAL VIRGEN DEL ROCIO DE SEVILLA, UNO DE LOS 5 HOSPITALES DE EXCELENCIA DEL PAÍS EN TRATAR CASOS DE FISURAS FACIALES Los niños con labio leporino han sido estudiados en Sevilla por más de doscientos expertos reunidos en el VI Congreso Nacional de Fisuras Faciales, una patología que requiere la intervención de todos los especialistas de la cara y que afecta a 1 de cada 700 recién nacidos Ángela Morón Andalucía acogió por vez primera los días 16, 17 y 18 de noviembre el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Fisuras Faciales. Para aquellos que no sepan a qué hace referencia este término, hablar de fisuras en medicina, es hablar de malformaciones congénitas de los huesos del esqueleto y de los tejidos blandos del cráneo y/o de la cara. Es lo que popularmente llamamos labio leporino, aunque ésta es solo una de las catorce patologías posibles, la más frecuente junto con el paladar hendido. Es tan frecuente que es la primera causa de malformación facial en Occidente en la actualidad. De hecho, hoy por hoy, uno de cada 600-800 recién nacidos sufren estas hendiduras en nuestra sociedad, y, aunque su tratamiento tiene un altísimo porcentaje de éxito, exige la atención continuada y exhaustiva de un buen número de especialistas médicos.
Para hablar de ello vinieron a Sevilla más de doscientos expertos nacionales e internacionales en estas patologías que se han convertido en el punto de encuentro de las especialidades que tienen como ámbito de actuación la cara. Un punto de encuentro además ejemplarizante, donde se ha alcanzado un nivel de excelencia altísimo y una cooperación médica sin polémicas. Y es que como afirma el doctor José Luis Gutiérrez Pérez, Jefe del Servicio de Cirugía Maxilofacial del Hospital Virgen del Rocío y decano de la Facultad de Odontología, «un paciente fisurado es algo mucho más complejo que lo que se ve en superficie (una hendidura en el labio), es una hendidura que llega hasta el propio cráneo y que puede generar problemas graves de crecimiento y desarrollo de otros órganos tales como las fosas nasales, los ojos o la boca». Cinco operaciones de media Para solucionar este problema la cirugía ha evolucionado en los útlimos años en una estructurada secuencia de intervenciones quirúrgicas que consiguen corregir las malformaciones y facilitar un desarrollo normal de estos niños. En primer lugar, los bebés de tan sólo tres meses son operados del labio para que puedan comer con normalidad. En segundo lugar, antes de que los niños empiecen a hablar, con apenas 1 año, son operados del paladar para evitar que aprendan a hablar de manera incorrecta. A continuación, es la encía la que tiene que ser restaurada, siempre antes del recambio de dientes. Y finalmente, si es necesario, hay que reparar otras malformaciones en la nariz, la faringe o los maxilares. En general, han de pasar una media de cinco veces por el quirófano. Todo ello implica que un gran número de especialistas, tales como cirujanos plásticos, cirujanos maxilofaciales y otorrinolaringólogos han de convertirse en asiduos contactos del niño. Pero ahí no acaba la cosa, pues es probable que el paciente necesite también ortodoncia, la ayuda de un logopeda y hasta apoyo psicológico. El Hospital Virgen del Rocío es uno de los cinco centros españoles donde se trata esta patología con un nivel de excelencia muy sofisticado. El equipo de especialistas formado por los doctores Alberto García Perla, David González Padilla y Urbano Jiménez del Valle dirigen la unidad de pacientes fisurados, y planifican el tratamiento de estos niños. Un tratamiento que aún después de concluirse las operaciones, continúa en la edad adulta. De hecho, los pacientes fisurados son pacientes asiduos de los hospitales, lo cual por otro lado ha motivado a los doctores a imprimir un trato especial a estos niños: «siempre son atendidos en el hospital infantil, que es más agradable, y a primera hora de la mañana, cuando están más animados», explica Gutiérrez Pérez, director del VI Congreso. Necesidad de mayor sensibilización social Y es que según explica este médico, quizás el principal problema de estas patologías hoy por hoy no sea quirúrgico, sino social, ya que el paciente fisurado está muy estigmatizado. «Los propios padres tienen mucho miedo cuando se les habla de esta enfermedad, pero hay que dejar claro que aunque el recorrido del tratamiento es largo y duro, su hijo no va a ser un niño deforme. A veces quedan algunas cicatrices en el labio o la nariz, o una posición de los dientes diferente, pero si se sigue la secuencia de cuidados el resultado es el estado de normalidad total». «Hay que sensibilizar a la sociedad con esta idea» — añade Gutiérrez Pérez— no en vano las fisuras faciales son las malformaciones más frecuentes del mundo occidental y su tratamiento está perfectamente planificado y resuelto. Esmás, las puede sufrir cualquiera, porque no hay causa conocida que las provoque. No se transmiten genéticamente y aunque es más probable que se repita en una misma familia, todos los hijos no tienen por qué padecerlas. Además, aunque se ha tenido un pequeño rebrote con el aumento de población inmigrante, no deben asociarse con clases sociales o raciales. Más información: www.congreso-fisuras.com Prof. José Luis Gutiérrez Pérez mail: jlgp@us.es
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